¡Va de mochilas!
20 septiembre, 2022

El otoño, que llega ya

Callando, callandito se nos va yendo el verano.
Cálido y caluroso verano este que se nos va; y muy seco además.
Nuestros embalses en mínimos.
Y los incendios devorando el matorral seco de nuestras jaras.
Pero… la vida, pujante, ¡nos ha vuelto a renacer!
¡La pandemia ha sido domeñada!
Y en todos los pueblos han podido festejar a la Patrona o al Santo de la ermita…
Y la fiesta en familia reunida, y las comidas extras o campestres y las charangas han sonado hasta las tantas de la madrugada en todos los pueblos de España.
Teníamos ganas y necesidad de fiesta.
Y hemos disfrutado.
Y hemos respirado aires de libertad.
Sin mascarillas.
Viéndonos las caras.
Y sin distancias de seguridad… ¡Hemos podido abrazarnos!
¡Qué buena es la normalidad conjugada con unas legítimas vacaciones!

Y… callando callandito, también, se nos va asomando ya el otoño.
De puntillas, sin darnos cuenta.
Las ocultas raíces habían nutrido aquellas ramas añosas, allá por marzo, haciéndolas florecer en yemas, hojas, flores y frutos.
Ahora parece que descansan esas raíces; la savia ya no sube.
Y los árboles languidecen…
Y las hojas, antes lozanas, se arrugan y empiezan a caerse mustias… a nada que el viento sur arrecie o la lluvia caiga…
Callando, callandito se asoma ya el otoño.
Eso sí: con su mejor atuendo; gama multiforme de colores que nos hacen percibir, simplemente, BELLEZA: «Quod visum, placet«.
Sí. La belleza tiene una especial relación con la vista.
Y nuestros ojos contemplan extasiados esas masas arbóreas de nuestros campos y parques.
Y nuestro espíritu se aquieta suave y dulcemente con gratuito y espectacular paisaje.
Y si es un rojizo atardecer, mejor.

Una simple hoja bamboleada por ese reseco aire sur, planea y cae, a mis pies sobre el inhóspito asfalto. Todavía vigorosa, y recia.
La recojo con veneración.
Y la eternizo en mi móvil… ¡Es tan bella!
La lluvia la había acariciado; sus colores brillan mucho más y se densifican.
Contempladla:

Agrandadla para poder percibir los matices de color.
Y la amplitud de su extensión: ocupa casi la alfombrilla de baño.
No hay paleta de pintor que armonice el color de tal guisa.

Os invito cordialmente a disfrutar del otoño polícromo.
El próximo finde, en deportivas, desplazaos por hayedos y pinares…
Respirad a pleno pulmón…
Alejaos del asfalto, del ruido, del tráfico; de las tapas y frituras y copas en bares atestados de gente… Bla bla bla…
Subid al monte…
¡Toda la BELLEZA de la natura se nos ofrece gratis!

Y aunque parezca que todo vaya a fenecer… ¡No es verdad!
¡Llegará la eterna y feliz primavera!
«ESTARÉ CON VOSOTROS HASTA EL FINAL».
Nos lo ha prometido Jesús.
¡Y Él, no falla!

Teresa Zugazabeitia FI