Sínodo: con ojos de mujer (III-B)
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Una gota en el desierto

El fin de semana del 6-7 de octubre tuve la suerte de participar en la celebración del 75 aniversario de la fundación del colegio de Gamarra. Fue un momento vivido en familia, y disfruté a pesar de no conocer a muchos de los asistentes.

En esos días tuve ocasión de visitar a las hermanas de la enfermería y compartir algunos buenos ratos.

Algo que me descolocó y a la vez me dejó esponjado el corazón fue la capacidad profética que percibí escuchando a las hermanas más mayores, en comentarios aparentemente sin importancia en momentos cotidianos.

El sábado por la tarde, Lola Giménez estaba proyectando para la comunidad las últimas fotos que Pilar Brufal nos compartía desde Myanmar. Al hilo de las mismas, conversando en la sala de comunidad, surgió el comentario de que podría pensarse que nuestra mínima presencia allí, en medio de tanta necesidad, era sólo como una gota de agua en el desierto…

Al momento una de las hermanas mayores, pausadamente y con aplomo contestó:

“Pero una gota, en el desierto, puede regar mucho”

Y una segunda, como animada por la primera, dijo tranquila y en voz baja:

“Y cuando cae una gota, trae la certeza de que llega la lluvia”

De esta manera tan sencilla experimenté internamente un gran orgullo por estas hermanas, capaces de transmitir la alegría, la unión de ánimos, y esa confianza en la providencia de Dios Padre, tan propia de la Madre Cándida y de nuestro carisma.

Tal vez se recoge lo que se siembra durante la vida; y tal vez también experimentar la pobreza física de los años y los achaques, vivido desde Dios, abre a una nueva mirada, una nueva confianza, una nueva alegría.

Esther Sanz, FI

@Faidwen33