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PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 371

Carta nº 371     Marzo 1909

 

“Tengamos paciencia y ofrezcamos a Dios este sacrificio”

 

Octubre nos abre la puerta y la M. Cándida nos invita a darle una vuelta a la virtud de la paciencia. Es una de esas virtudes difíciles de entender en este tiempo de la inmediatez. Dios tiene sus tiempos y la paciencia es la herramienta para entenderlos. Tener paciencia es entender que Dios va encajando las piezas del puzle de la vida y esperar. Y cuando sientes que van encajando algunas piezas es cuando miras atrás y descubres el tiempo que has tenido que esperar para entender.

 

Sigo descubriendo en lo sencillo, la grandeza de la Vida, la ternura de ese Padre que de todos cuida, y para ello necesito caminar despacio, vivir con calma y descubrir que alrededor de mi vida hay belleza infinita, hay amarillos preciosos cuidados por Dios. “Cada flor florece a su tiempo”, decía un amigo hace años. Hoy añado que cada flor florece a su tiempo y por una razón.

 

Comparto mi sentimiento de agradecimiento porque cuando pensaba que había pasado mi cumpleaños, me encontré con una fiesta sorpresa donde toda mi familia se reunió para celebrarlo juntos. Fue una agradable sorpresa donde les compartí que eran lo más importante en mi vida, que sin raíces el árbol se cae por soledad o por las tempestades, porque cuando sopla el viento duro de la vida necesitas a personas como ellos para contrarrestar esa fuerza.

 

El evangelio de ayer me ayudó a despejar mi respuesta a Dios. A veces he dicho no y luego he ido. A veces he dicho sí y luego no he ido. Pero hay una tercera vida: decir que sí y después ir. Y me preguntaba quien había hecho eso que el evangelio no recogía. Descubrí en María a la persona que me puede servir de ejemplo: dijo sí y siempre estuvo, siempre fue. Y pensé en la vida de algunos santos, descubriendo que ese era su secreto, que esa fue la razón por la que se diferenciaban de los demás. Que desde su sencillez dijeron que si a Dios y pusieron su vida a hacer lo que sentían como vocación. La M. Cándida dijo sí y se puso en marcha. Dios nos sigue invitando todas las mañanas y nos sigue esperando, pero lo más grande es que, aunque le digamos que no y no hagamos camino, Él nos sigue queriendo y esperando y si algún día decidimos volver, su misericordia se convierte en abrazo de ternura.

 

Dos sencillas flores inauguran octubre, dos sencillas luces cuidadas por Dios, llenas de paciencia esperando que una cámara las viese. Seamos pacientes, tengamos paciencia y Dios se encargará de encajar las piezas del puzle de nuestra vida.