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CONSEJO 2

2. [Su] encargo especial es dirigir a las niñas pobres con las Maestras que la Superiora elija.  Antes de aplicarlas a sus funciones, la Madre Superiora advertirá a la Maestra Primera sobre el carácter, cualidades y otras advertencias de cada una para el desempeño [de su cargo] y  mayor caridad.

            Lo bueno de ser familia es la ayuda mutua, el poner encima de la mesa, al servicio de los demás, los dones y talentos de cada uno, en busca del bien común. En este caso en busca de la claridad en estos consejos de la M. Cándida. Por eso quiero rectificar lo dicho en el Consejo 1 sobre las “Maestras Primeras”. No era, como yo supuse, el equivalente a los profesores nuevos, sino que se acerca más a los actuales Jefes de Estudio o cargo similar según Comunidades autónomas actuales. Sería la que iba “después” de la directora, que era generalmente la Superiora.

            Nadie dijo que este caminito iba a ser fácil, pero creo que merece la pena andarlo, merece la pena ir desbrozando los consejos de una gran mujer, de la que seguro aprendo mucho más de lo que sé. Creo que detrás de cada consejo hay trozos de una vida apasionante, una necesidad de acompañar la labor docente, pero sobre todo la idea de que las personas sean fieles al carisma recibido. Por todo ello agradezco los “consejos” recibidos en bien de la fidelidad a ese carisma y espero no desvirtuar nada en este recorrido.

            Aprovecho para compartir un poco del marco histórico de los Consejos que muy amablemente me han aportado:

Ante la crisis revolucionaria del s. XIX surgió el proyecto pastoral de la Iglesia en la enseñanza. El obispo de Salamanca, Martínez Izquierdo envió a Madrid a la M Cándida con otra Hermana unos días (2ª quincena de marzo de 1877) para que las Religiosas de la Asunción le instruyeran sobre la educación en los colegios. De allí vino con la idea de escribir los «Consejos sobre la Educación cristiana». No coinciden exactamente con los de aquellas religiosas, pero sí guardan cierta semejanza.

Así, en principio, este segundo consejo suena a atender a los que más nos necesitan y atenderlos de forma personalizada. ¿Quiénes son hoy “las niñas pobres”? ¿Cómo descubrimos este perfil dentro de un aula? ¿Miramos a los ojos, escuchamos con toda nuestra atención? Este debería ser el primer y fundamental estándar para evaluar y evaluarnos. La vida nos está continuamente diciendo que, lo que los alumnos recuerdan de su paso por el colegio, no son solo los conocimientos aprendidos sino los detalles de atención y humanidad recibidos, las lágrimas comprendidas, la alegría compartida, la atención prestada, el sentirse acogidos, el tiempo dedicado y la forma de dedicar ese tiempo.

Ese es el encargo especial que la M. Cándida nos haría hoy. Da igual el servicio que ocupes dentro del organigrama del colegio. Eso da igual. Lo que no da igual es que nos metamos en una dinámica donde todo esto se nos olvide. Y antes de empezar hay que cuidar el carácter, hay que ver las cualidades de cada persona para desempeñar el servicio que le estamos pidiendo. Y cuanto mayor sea el servicio, mayor debe ser la caridad.

Seamos de los que pregonemos las maravillas de Dios, su buen hacer. Seamos voz que clama en el desierto, en esos desiertos pequeños o grandes que nos encontramos cada día. Que resuene la voz, que no nos encojamos ante nada. Que anunciemos al Mesías, al Niño que pronto nacerá en Belén. Que este recuerdo, de todos los años, nos haga crecer con alegría, unidos a la oración y con agradecimiento de buenos hijos, como dijo el Papa Francisco en diciembre de 2017.

¡Feliz tercera semana de Adviento!