El espíritu nos envía a donde no sabemos
29 octubre, 2021

A pie de calle

¡GENTE BUENA!

Haberla… ¡Hayla!
Y muy cerca.
Pero no hace ruido mediático.

En frente del portal de mi casa.
En el peldaño que enmarca una entidad financiera.
Sentados, veo un joven inmigrante con sus cartones.
Y un hombre, ya maduro, sentado junto a él.

Muy atentos recíprocamente.
Es que se trata de una clase:
Y de Matemáticas, además.

Me habían hablado de ese profesor jubilado, que daba clases a un joven inmigrante.
Me paro y les saludo.
Y entablo conversación.
Me permiten sacarles una foto.

Y no sé quien tiene más ganas, si el profe o el alumno.
El profe quiere situarle en disposición de que pueda trabajar
y ganarse honradamente el pan.
Eso que dice el proverbio chino: «Si le das un pez, le quitas el hambre de un día, pero si le enseñas a pescar ya no tendrá más hambre».

Evans Isibor, que llegó en patera a nuestras costas, no pide limosna, sino «ayuda para trabajar», como reza su cartel.
Se siente persona; y tratada como tal, con ese profe, César de Miguel, que fue docente de Informática en la Universidad de Deusto.
Se sienta ahora junto a sus cartones y le explica y le entiende tan bien y con tanta paciencia…
Además de los números también va mejorando y afianzándose en el español.
Y hablan de otras cosas y costumbres que le van ayudando a integrarse en esta nueva etapa de la vida.
Es todo tan distinto de allá… ¡Y tan duro!
Dos personas sentadas sobre el mismo peldaño: cátedra y pupitre.

SOLIDARIDAD, que nos reconforta y reconcilia con la especie humana.

FRATERNIDAD que nos dice Jesús al enseñarnos a orar: ¡PADRE NUESTRO!

Avanza ya aquella alegría final:
«… Extranjero… y me acogisteis…», que recoge Mateo al término de su Evangelio.

Las guerras, las injusticias estructurales, los desequilibrios vitales… son tan profundos que los pueblos radicados secularmente en su hábitat tienen que realizar su éxodo en la esperanza de algo mejor para seguir viviendo.
Además de Lampedusa, islas Canarias, costas españolas… nos empiezan a sonar pateras aéreas, que nos llegan del continente africano.

Otros pueblos también de Asia, esta vez, embaucados quizá por mafias que se lucran, esperan en Bielorrusia poder entrar en Europa a través de Polonia…

Nos golpea la aldaba de tantas personas tratadas como ganado transportado, necesitadas de acogida humana.

«…Forastero y me disteis acogida». Sigue resonando HOY, en nuestro interior.

Gente buena… Haberla… ¡Hayla!
Sin ruido mediático

No abren los telediarios sus portadas con estas noticias, no se hacen eco de tanta gente buena
No tiene morbo, no es corrupción, no es violencia…
¡Y así nos va!
¡Anestesiada nuestra conciencia!

Teresa Zugazabeitia FI